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Reconocida por la Unesco como una de las Siete Maravillas Naturales del Mundo y también como Patrimonio Natural Mundial por la Unesco, las cataratas de Iguazú combinan la frondosidad de la selva con las caídas de aguas ya conocidas y famosas en todo el mundo.

Este destino batió recientemente el récord de turistas con 1.381.736 visitantes, lo cual le dará un reimpulso al desarrollo económico y turístico de ambas naciones, gracias a un destino que se convierte en un verdadero espectáculo durante el verano, tanto de día como de noche.

Esta última experiencia es un privilegio que muy pocos pueden contar. El paseo a la Garganta del Diablo, el salto más importante por altura y por caudal de agua de los 275 del parque, depende exclusivamente de que la luna llena se presente, porque será la única luz que lo acompañe.

 

 

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Dejarse llevar por los guías turísticos te permitirá acompañar a tu instructor hasta la Estación Central, donde se aborda el tren ecológico. Allí, debes estar al tanto de mantener los celulares apagados y evitar los flashes, esto con el fin de poder apreciar el paisaje, iluminado solo por la luna llena.

La luz de la luna llena también ilumina el interior del Parque Nacional Iguazú, una formación ecológica con vagones abiertos que se dirige hacia el interior de la selva rumbo a la estación Garganta del Diablo.

Si bien el recorrido es el mismo que se hace a la luz del día, las rutinas de los animales varían a estas horas. Casi 80% de la selva, tanto las aves como los mamíferos, se mueven en la noche. Los herbívoros salen a comer, y atrás de ellos salen los que buscan presas. En general es muy difícil ver algún animal porque están camuflados. 

 

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El parque alberga muchísimas especies. Sin duda, el referente es el yaguareté o tigre americano; también hay pumas, ocelotes, entre otros felinos.

El yaguareté es una de las especies en serio peligro de extinción por la desaparición de su hábitat natural, que es la selva misionera, también conocida como bosque atlántico del sur, selva paranaense o mata atlántica.

La espesura de la selva te cautiva en tu primera impresión. Hay centenares de criaturas invisibles. Cerca de 450 especies de aves, 80 de mamíferos y gran variedad de insectos, además de la fauna fluvial, como los yacarés, tortugas, garzas y gran variedad de peces.

La cantidad de saltos del parque varía permanentemente según la altura del río. Cuando el Iguazú está crecido, los saltos se unen, y cuando baja mucho, otros que son temporales, desaparecen. El caudal varía todos los días, pero en uno normal, el promedio de agua que cae es de 1.500 a 1.800 centímetros cúbicos por segundo.

 

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Las caídas alcanzan una altura de hasta 80 metros, los cuales puedes ver desde el balcón al final del recorrido mientras escuchas el sonido del agua chocando contra las rocas. Guías turísticos dicen que la fumarola de rocío, producto del choque entre el agua y las caídas, puede verse a más de 7 kilómetros de distancia. Y entre medio de ese ruido pavoroso, la luz plateada de la luna traza un tenue arco iris alrededor de la catarata.

Y a ti, ¿Te gustaría conocer este maravilloso monumento natural? Comparte tus impresiones con nosotros en nuestra sección de comentarios.

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Redacción Victor De Abreu para Gotakey 2017

Fuente: El Universal.mx / La nación

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