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Días de gran emoción y júbilo se han vivido en Cuba por la visita de la Major League Baseball (MLB), cuya delegación está encabezada por el vicepresidente del ente rector, Joe Torre, el jefe sindical Tony Clark, y cuatro jugadores cubanos que tras desertar eran considerados hasta hace poco por las autoridades como traidores.

Yasiel Puig, José Abreu, Alexei Ramírez y Brayan Peña son los cuatro nacidos en la isla que pisaron nuevamente su tierra gracias al sorprendente avance de las negociaciones entre los gobiernos de Barack Obama y Raúl Castro.

Pese a que su estadía ha sido casi sesgada por la prensa oficial, que por el contrario ha entrevistado en exclusiva al venezolano Miguel Cabrera, al dominicano Nelson Cruz y a los estadounidenses Clayton Kershaw y Jon Jay, el hecho de que los cubanos volvieran a casa y se reencontraran con sus familiares abre todo un abanico de posibilidades que esperanza al beisbol de ese país.

Y es que tanto Torre como Clark, acompañados también del miembro del Salón de la Fama, Dave Windfield, y el principal abogado de la MLB, Dan Halem, se encuentran configurando con su contraparte lo que hace exactamente un año empezaron con el acercamiento para normalizar su acceso al inagotable caudal de peloteros cubanos en las mayores.

Esos audaces pasos dados en principio por la comitiva permiten que ahora el panorama se despeje, lo que podría convertir a la isla en sede de uno o varios campamentos de entrenamientos primaverales de equipos de Grandes Ligas, algo que es visto con buenos ojos por ambos países debido a los grandes beneficios que eso dejaría.

La luz al final del túnel

Para muchos jóvenes que sueñan con ser beisbolistas profesionales, el aterrizaje de las estrellas en la isla significa la construcción de un puente que, sobre el papel, sería un éxito total y rotundo.

Para los equipos, contratarlos sería mucho más fácil debido a que existirían límites en el monto de los convenios que ahora resultan mucho mayores y riesgosos, mientras que para los jugadores acabaría el peligro al que se someten cada vez que ponen sus vidas en manos de los traficantes de personas o extorsionadores, encargados en los últimos tiempos de sacar a las perlas del beisbol cubano a cambio de comisiones exorbitantes.

Emotividad al máximo

Los reencuentros de José Abreu con su hijo de cinco años o de Yasiel Puig con el entrenador que lo formó han marcado esta histórica visita.

“Estos momentos son bonitos por una parte, y difíciles por otra, porque te dan deseos de llorar y mucha melancolía”, dijo nervioso el primera base de los Medias Blancas de Chicago antes de ver por primera vez en dos años y cuatro meses a su pequeño hijo, que hasta entonces no sabía que su papá es una estrella del mejor beisbol del mundo.

Por su parte, Puig fue menos expresivo con las palabras, pero en su cara no se podía ocultar la inmensa felicidad que sintió al abrazar a Juan Arechavaleta, su entrenador de la infancia. “Estoy muy contento de estar aquí”, quien en 2012 huyó a México con contrabandistas y posteriormente cruzó la frontera hacia Texas.

Fuente e imagen cortesía de: http://enpaiszeta.com

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