La costa de Samaná, que revisten parte de la costa norte de República Dominicana, se han convertido en un destino emergente para todos aquellos que desean darse un baño en las aguas del Caribe en su visita a este hermoso país antillano.

 

Samana en República Dominicana

Con más de 168 playas a disposición de los turistas, la ribera de Samaná encanta a los ojos de quienes la visitan por su condición de zona protegida, que contrasta entre una vegetación poco explorada y un litoral que ofrece cualquier tipo de atracciones para que tu viaje sea inolvidable.

 

La playa de Las Terrenas es elegida por los locales para sus conocidas fiestas nocturnas, que vienen acompañadas al ritmo del reggaetón y la cachaca. Otras, como El Portillo, son el lugar ideal para la práctica de deportes de viento como el kite surf, mientras que otras como Cayo Levantado son el escenario predilecto para las peregrinaciones de ballenas jorobadas, en especial entre los meses de enero a marzo.

 

Entre muchas de las atracciones que podrás encontrar en tu inolvidable viaje a Samaná, te presentamos el siguiente recuento sobre todas las actividades que podrás realizar en este paraíso caribeño.

 

Playa Rincón


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La excursión desde el hotel que elijas comenzará desde un camión estilo safari que atraviesa la carretera local acompañada por la selva. En el recorrido desfilan plantas de mangos, piñas, plátanos, café y cacao que demuestran la vasta riqueza natural con la que cuenta la zona.

 

En Playa Rincón encontrarás una casa de artesanías y tabaco ubicada en la aldea Los Tacones, dirigida por Diego Maradona de Samaná, un personaje simpático que ofrece el cóctel local popularmente conocido como mamajuana, así como algunos vinos dulces, ron y miel.

 

Al final de tu recorrido, en Playa Rincón, encontrarás un manto de cocoteros que revisten una costa de 4 kilómetros de largo, que se deja refrescar por aguas cristalinas y templadas que te invitan a darte un primer chapuzón.

 

Durante el almuerzo, podrás solicitar una langosta acompañada de arroz o aguacate, tostones de plátano y piña en uno de los puestos ubicados al borde de la playa. Sin duda, una de las experiencias más delirantes de tu viaje.

 

Caño Frío

 

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Muy cerca de Playa Rincón encontrarás Caño Frío, un curso de aguas a baja temperatura que proviene de la montaña y atraviesa los bosques de manglares. El contraste de temperaturas te invita a un chapuzón bajo el sol ardiente, acompañado de un ambiente tranquilo y sin turistas.

 

Cayo Levantado

 

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Un poco más hacia el sur encontrarás Cayo Levantado, una bahía ocupada principalmente por el complejo hotelero de Bahía Príncipe, exclusivo para los mayores. También conocido como isla Bacardí, en Cayo Levantado podrás encontrar una playa pública a la que se puede llegar por barco mediante excursiones que salen desde distintas partes del país para encontrarse con sus tres playas vírgenes.

 

Recorrido en bus

 

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En la ciudad de Santa Bárbara de Samaná encontrarás también un pueblo colorido y humilde, con casas revestidas de colores pasteles y comercios donde podrás adquirir artesanía local.

 

A lo largo de la Avenida de la Marina podrás ingresar al centro comercial a pocos minutos. En La Costanera, conocida también como el Malecón de Samaná, encontrarás un ambiente festivo los fines de semana, donde los dominicanos bailan al son de la música mientras portan ron, cerveza o mamajuana en sus viandas portátiles.

 

Vehículos y “motoconchos” (moto taxis) recorren la zona cero de diversión noctámbula. Los restaurantes para degustar mariscos compiten en la misma órbita con los carritos de comida en los que el transeúnte puede agenciarse un picapollo (pollo empanado) con tostones.

 

Parque Nacional Los Haitises

 

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Un paseo que no puedes dejar de pasar por alto es hacia el Parque Nacional Los Haitises, anfitrión de una de las formaciones geológicas que hacen únicas a la región: un sistema kárstico compuesto a base de sedimentos de mar, corales y cavernas.

 

El viaje contempla una mañana completa hacia el punto de reunión de la península de Samaná con el resto de la isla. Un refugio de biodiversidad con una superficie de 3600 kilómetros cuadrados, entreverado de ecosistemas de bosque subtropical.

 

El trayecto requiere unos 40 minutos rumbo sureste hasta que se divisan los primeros peñascos en la Bahía de San Lorenzo. La boca del tiburón es una de las geoformas que saluda la llegada de los viajeros, cabeza de playa de un islote en el que las estalactitas apuntan como dientes.

 

La visita a dos cuevas delata otro de los patrimonios del parque: el arte rupestre de los pueblos precolombinos y el uso que le dieron a esos recovecos como sedes de rituales sagrados. El trayecto revela estatuas al arbitrio de la imaginación. La Cueva de San Gabriel testimonia la presencia de una protuberancia de piedra que semeja al Arcángel. En el recorrido se perfilan siluetas de murciélagos, raíces aéreas o emergen columnas de carbonato cálcico dignas de un museo egipcio.

 

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Redacción Victor De Abreu para Gotakey 2017.

Fuente: La Nación

 
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